Ruta 35: Una familia ya viajó más de 800 km en bici para encontrar trabajo estable

 A menudo suelen pasar ciclistas por la ruta 35 que protagonizan increíbles aventuras por el país o el continente. Sin embargo, la historia de la familia Brizoli es sensiblemente distinta: ellos pedalean cientos de kilómetros, sin rumbo fijo, en busca de un trabajo.

Mario Brizoli (58), su esposa Clara Collante (50) y la hija de ambos, Lorena, una niña de ojos negros y larga cabellera de tan sólo 13 años, están desde el 2011 a la deriva por las rutas del país en busca de un trabajo estable. En algunas oportunidades consiguen changas, pero como sólo les alcanza para subsistir un tiempo se ven obligados a tomar sus bicicletas y volver a la ruta.

Así comenzaron desde Tupungato, Mendoza, al ver que la familia quedó sin sustento laboral. Adquirieron tres bicicletas, dos carros y cargaron sus pocas pertenencias para internarse en las rutas.

El destino los llevó a conocer varias localidades en el camino pero hasta el momento no han podido obtener un trabajo fijo. Este fin de semana la familia pasó por Huinca Renancó y se instaló para descansar del viaje en una estación de servicios abandonada, a la vera de ruta 35, en el cruce con ruta 27 (acceso a Del Campillo).

Allí instalaron una carpa para descansar, lavar la ropa y prepararse para seguir viaje este lunes a Vicuña Mackenna, donde buscarán un trabajo que ponga cierre a su peregrinaje.

Solidaridad policial

En el camino, cuando la gente los ve, los ayuda con mercadería o dinero. Sin embargo, llamó la atención el día viernes el gesto de un policía de la Caminera que se solidarizó con la familia y publicó el caso en las redes sociales.

“Pertenezco a la Policía Caminera desde hace más de 9 años, todos los días vemos cosas distintas, pero hoy algo muy triste”, señala el efectivo Darío Mansilla, oriundo de Huinca Renancó, para describir el periplo de la familia mendocina que hace un mes partió desde la ciudad rionegrina de Catriel hacia el centro del país.

“Sólo en tres bicicletas, dos carritos, poca ropa, sin dinero y sin comida, vienen viajando sin rumbo y con un solo objetivo: buscando trabajo para poder subsistir”, relataba el policía en su cuenta de Facebook.

Al tomar conocimiento del episodio, HRTV y PUNTAL viajaron hacia la vieja estación de servicios y, resguardada bajo una precaria construcción, se encontraba la familia descargando sus pertenencias de los carros y preparándose para pasar la noche.

Los tres se sorprendieron con la presencia de este medio, pero no dudaron en dar testimonio del difícil momento que les toca vivir.

“Andamos buscando trabajo y queremos ver si podemos encontrarlo en esta zona. Venimos de muy lejos y no pudimos encontrar nada estable. A Catriel nos llevaron con mentiras y no nos han dado laburo. Yo soy de Trenque Lauquen y estábamos en Mendoza para trabajar en las frutas. Ahora las cosas están cada vez peor y tuvimos que salir otra vez a la ruta”, comenta Mario con una actitud de resignación, pero a la vez contrapuesta con la esperanza de encontrar algún lugar para quedarse definitivamente. Y añade: “Hemos recorrido cerca de 800 kilómetros. Venimos con nuestra hija de 13 años y hacemos, por día, entre 45 y 50 kilómetros. Venimos desde Huinca Renancó y ahora nos quedamos acá hasta el lunes, para lavar la ropa”, señala el hombre, cuyas facciones hablan a las claras de una vida castigada.

“Nuestra casa es ese carro”, manifestó la mujer

Claramente, para la familia Brizoli salir a la ruta no es una aventura, sino un peligro.

Se movilizan con una adolescente que maneja su propia bici y en más de una ocasión han tenido que desviar repentinamente a la banquina para evitar ser embestidos por vehículos de carga. “Paramos en garitas o estaciones de servicio. La gente por el camino es muy buena y cuando le contamos qué estamos haciendo y de dónde venimos nos dan una mano, mercadería o dinero para poder seguir”, relata la mujer que nació en Tucumán, y que conoció a Mario en Mendoza, donde formaron una familia. Y agrega: “Desde el 2011 que andamos así, como a la deriva. No tenemos casa, ni dónde vivir. Yo soy de Tucumán y la niña es nacida en Tupungato (Mendoza). Es una vida muy complicada, nosotros lo que queremos es conseguir un trabajo y dejar de andar así, en la ruta, porque es un peligro”. “Más de una vez, la Policía nos ha dicho que tengamos cuidado pero no nos queda otra”, sostiene Clara, con mirada firme.

Cae la noche y la familia cree que no va a hacer tanto frío. Eso los reconforta ya que han soportado temperaturas extremas a la par de las rutas que llevan recorridas, entre ellas, la mentada ruta del Desierto (Ruta 152).

“Creíamos que no íbamos a poder llegar. Pasar por ese lugar fue muy difícil”, apunta Mario, mientras su hija se prepara algunas cosas para la acotada e improvisada cena que consistirá en mercadería que la gente les ha acercado. Los Brizoli siguen regurgitando palabras que atan esta historia de vida a sus bicicletas, que en este caso no implica placer o aventura, sino la búsqueda dramática de dignidad.

Clara señala los carros y dice: “Acá traemos todas las pertenencias que tenemos y la casa de nosotros es esa, el carro”. La última frase queda como repicando en un eco sólo perceptible a un sentido, el de ponerse en el lugar del otro. Mañana seguirán su camino.

Ignacio castro.

 

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